Historia del encaje de Bolillos

 

    La tradición dice que Santa Úrsula pidió trabajo para 11.000 doncellas amigas suyas. Para satisfacer la demanda, la Virgen la aleccionó en el arte del encaje de bolillos. 

   Con el oficio aprendido, enseñó a todas sus amigas antes de emprender peregrinaje hacia Roma, ya que como se sabe Santa Úrsula y sus 11.000 vírgenes fueron martirizadas en Colonia, cuando iban de vuelta a su país, Bretaña.

   Así que se supone que no sólo habían aprendido este arte, si no lo que habían divulgado durante su viaje.

 

   Es el encaje por antonomasia en la cultura occidental.

   Hubo y hay otros muchos tipos de encaje: de aguja, anudados, ganchillo, punto... pero desde mediados del siglo XVI y, sobre todo, a partir del siglo XVII el encaje de bolillos es una tradición común a todos los países occidentales y de los que recibieron la cultura occidental. Así encontramos encajes de bolillos desde Rusia a Brasil.

   Lo que está claro es que la moda de los encajes de bolillos se extendió rápidamente y su máximo esplendor estuvo en los fabulosos cuellos y puños del siglo XVII. No hay más que ver los cuadros de Van Dyck o Velázquez para apreciar dos formas diferentes de utilizarlos, unos almidonados y encañonados y otros con su caída natural. En el XVIII y el XIX lo que estaba de moda eran las espléndidas mantillas de blonda, también hechas con bolillos.